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Otro día se nos
presentaba por delante. Hoy queríamos llegar a Sarsamarcuello,
unos treinta y pocos kilómetros. Nos habían
avisado de que durante este día y el siguiente
era difícil que encontrásemos comestibles, así
que nos procuramos otro tipo de víveres, tales
como papillas de niños, etc... A Raúl
sobre todo no le gustó nada, eso de no poder
sentarse a comer como Dios manda. Fue una
experiencia para todos, aunque o he de reconocer
que me encantan las papillas, sobre todo la de
chocolate. Salimos
de Huesca sin mayor dificultad,
pues íbamos siguiendo las flechas y la reseña
de los Amigos del Camino de Barcelona,
aunque reconocemos que en algún momento por
falta de señalización nos sentimos un poco
perdidos, pero durante el Camino desarrollas un
sexto sentido para encontrar tu propio Camino.
Pasamos por un pueblín que se llama Chimillas,
e hicimos una parada al llegar a Castillo
de Castejón. De aquí continuamos
ascendiendo un poco y llegamos a ver el Castillo
de Anzano, desde aquí es todo recto
hasta llegar a Bolea, en una
recta impresionante que parece que nunca se
acaba. El
pueblo aparece en un alto. Allí paramos otro
rato a comernos un melón en la plaza. La gente
nos saludaba, y se preguntaría qué estarían
haciendo por allí tres chavales (no tan
chavales) comiéndose un melón en medio de la
plaza. Bolea tiene una colegiata
muy visitada por los turistas, españoles y
muchos franceses, pero nosotros teníamos las
fuerzas justas y el tiempo dedicado al Camino,
con lo que decidimos que la próxima vez sí que
la visitaríamos.
El siguiente paso
era el pueblo de Anies, por el
que apenas pasamos, pues ya habíamos hecho la
parada de rigor un rato antes, y en que habíamos
disfrutado de las papillas y de una merecida
siesta. El siguiente pueblo era Loarre ,
cuyo castillo ya habíamos visitado Raúl
y yo con anterioridad. Allí teníamos que
comprar algo para cenar. Preguntamos donde había
una tienda y hasta allí nos acompañaron. La
tendera nos atendió de maravilla y nos estuvo
explicando que tenía pocas cosas, pues la gente
ahora compraba en las grandes superficies que hay
alrededor de Huesca, pues
"hoy todo el mundo tiene coche". Así
que seguramente cuando se jubilase cerraría la
tienda, y sólo quedaría una panadería en el
pueblo. Este es uno de los problemas con que se
encontraran los peregrinos de aquí a unos años:
ellos nos podrán desplazarse 30 km. para ir a
comprar, pues les supondría un día entero el
ir. Habrá que irse prevenido de comida al pasar
por estos pueblos. La gente de Loarre
nos pedía que cuando llegasemos a Santiago
que rezásemos por ellos, y es que el sentimiento
de la ruta jacobea se mantiene vivo.
Y
nos fuimos a dormir a Sarsamarcuello,
un pueblo que apenas tiene habitantes, y en el
que si llegas en un fin de semana, y el alcalde
está, pues vive en Sabiñanigo,
te deja dormir en su garaje. Pero llegamos un
lunes, así que nos buscamos un lugar recogido
para dormir: el porche de la escuela, o de la
antigua escuela, pues ahora llevan a los pocos
niños que hay a pueblos más grandes a estudiar.
Allí nos montamos nuestra cena, a base de lo que
habíamos comprado y lo que nos había dado la
amable tendera de Loarre, y con
una luna enorme y brillante nos echamos a dormir,
que mañana era otra de las etapas durillas.
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