Día 10 Lunes, 6 de Julio de 1998 Huesca-Sarsamarcuello

Vuelta al Camino

Otro día se nos presentaba por delante. Hoy queríamos llegar a Sarsamarcuello, unos treinta y pocos kilómetros. Nos habían avisado de que durante este día y el siguiente era difícil que encontrásemos comestibles, así que nos procuramos otro tipo de víveres, tales como papillas de niños, etc... A Raúl sobre todo no le gustó nada, eso de no poder sentarse a comer como Dios manda. Fue una experiencia para todos, aunque o he de reconocer que me encantan las papillas, sobre todo la de chocolate.

Salimos de Huesca sin mayor dificultad, pues íbamos siguiendo las flechas y la reseña de los Amigos del Camino de Barcelona, aunque reconocemos que en algún momento por falta de señalización nos sentimos un poco perdidos, pero durante el Camino desarrollas un sexto sentido para encontrar tu propio Camino. Pasamos por un pueblín que se llama Chimillas, e hicimos una parada al llegar a Castillo de Castejón. De aquí continuamos ascendiendo un poco y llegamos a ver el Castillo de Anzano, desde aquí es todo recto hasta llegar a Bolea, en una recta impresionante que parece que nunca se acaba. Raúl y al fondo Anita caminando hacia BoleaEl pueblo aparece en un alto. Allí paramos otro rato a comernos un melón en la plaza. La gente nos saludaba, y se preguntaría qué estarían haciendo por allí tres chavales (no tan chavales) comiéndose un melón en medio de la plaza. Bolea tiene una colegiata muy visitada por los turistas, españoles y muchos franceses, pero nosotros teníamos las fuerzas justas y el tiempo dedicado al Camino, con lo que decidimos que la próxima vez sí que la visitaríamos.

El siguiente paso era el pueblo de Anies, por el que apenas pasamos, pues ya habíamos hecho la parada de rigor un rato antes, y en que habíamos disfrutado de las papillas y de una merecida siesta. El siguiente pueblo era LoarreA lo lejos el Castillo de Loarre, cuyo castillo ya habíamos visitado Raúl y yo con anterioridad. Allí teníamos que comprar algo para cenar. Preguntamos donde había una tienda y hasta allí nos acompañaron. La tendera nos atendió de maravilla y nos estuvo explicando que tenía pocas cosas, pues la gente ahora compraba en las grandes superficies que hay alrededor de Huesca, pues "hoy todo el mundo tiene coche". Así que seguramente cuando se jubilase cerraría la tienda, y sólo quedaría una panadería en el pueblo. Este es uno de los problemas con que se encontraran los peregrinos de aquí a unos años: ellos nos podrán desplazarse 30 km. para ir a comprar, pues les supondría un día entero el ir. Habrá que irse prevenido de comida al pasar por estos pueblos. La gente de Loarre nos pedía que cuando llegasemos a Santiago que rezásemos por ellos, y es que el sentimiento de la ruta jacobea se mantiene vivo.

El porche de la escuela donde dormimos en SarsamarcuelloY nos fuimos a dormir a Sarsamarcuello, un pueblo que apenas tiene habitantes, y en el que si llegas en un fin de semana, y el alcalde está, pues vive en Sabiñanigo, te deja dormir en su garaje. Pero llegamos un lunes, así que nos buscamos un lugar recogido para dormir: el porche de la escuela, o de la antigua escuela, pues ahora llevan a los pocos niños que hay a pueblos más grandes a estudiar. Allí nos montamos nuestra cena, a base de lo que habíamos comprado y lo que nos había dado la amable tendera de Loarre, y con una luna enorme y brillante nos echamos a dormir, que mañana era otra de las etapas durillas.

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