Día 14 Viernes, 10 de Julio de 1998 Ruesta-Monreal

Cincuenta kilómetros con chanclas

La ampolla que tenía Anita empezaba a dar sus problemas: no podía caminar con las botas. Es más casi no se las podía poner, le hacían mucho daño, así que hubo que tomar una decisión arriesgada: caminar con las chanclas. Parece mentira pero son cómodas, y lo han de ser por que se utilizan para descenso de barrancos y hay veces que éstos son largos. Así que una vez puestas nos decidimos a continuar caminando. Desde Ruesta el camino comienza a subir hasta ganar una colina. Se hace un rato largo, pero por la mañana el Sol no aprieta tanto, así todavía con la fresca llegamos arriba, desde donde se ve el siguiente objetivo: Undués de Lerda. Bajamos hasta el pueblo, donde podemos encontrar otro albergue de peregrinos, pero apenas nos paramos, pues teníamos intención de pasar de Sangüesa, así que nos decidimos a continuar. Allí llegamos pronto, a eso de las doce. Llamadas a los amigos, comprar algo para comer y pilas para la cámara de fotos nos ocuparon un buen rato. Después a comer a un restaurante que se llamaba 1920. Buenísima la comida. Creo que de las mejores de todo el Camino.

La iglesia que hay a la salida de SangüesaCon todo el calor decidimos continuar, y salimos de Sangüesa, respetando un rato para que la comida se aposase, vamos, una mini siesta en una sombra. A la salida del pueblo te dan dos opciones para escoger, y nosotros optamos por la más interior. La otra es por la carretera y pasando por Lumbier, y su fenomenal Foz, pero no la escogimos debido a una mala experiencia mía en el Xacobeo'93, donde pasaron de nosotros, y confirmaron lo que dice el Codex Calixtinus sobre los navarros. Es cierto en algunas ocasiones, en otras es un poco exagerado.

El camino también empieza a subir de una forma considerable, pero íbamos con las pilas puestas, y no había quién nos parase. Los kilómetros iban cayendo uno detrás de otro, y no importaba que fueran hacia arriba o hacia abajo. Teníamos entendido que en Monreal, conocido por su famosa HigaAnita caminando decidida hacia la Higa de Monreal, que es la montaña que se ve al fondo.,había un refugio y nuestra intención era llegar a dormir allí. Sabíamos que era una proeza caminar cincuenta kilómetros, y más teniendo en cuenta que Anita llevaba unas chanclas, pero llegamos sin problemas. Ahora el refugio ya no existía. Parece ser que estaba en unas condiciones deplorables y lo cerraron, pero... no abrieron otro, ni siquiera dieron otra opción. Así, nos encontramos a un peregrino portugués que estaba a punto de dormir en la entrada de la iglesia, pues tampoco estaba el cura, y no había manera de dormir bajo techo sin pagar. Pero nosotros, después de haber hecho esa cantidad de kilómetros, no podíamos dormir al raso, pues al día siguiente no valdríamos para nada, así que nos fuimos al hostal del pueblo a dormir, y el hostal era de los buenos, o sea que nos hicieron pagar bien. Eso sí, la habitación estaba genial con tele, baño. Allí cenamos y a dormir pronto. Eso sí, nuestros pies dolían, y mucho, después del sobreesfuerzo. Anita apenas pegó ojo.Anita entrando en un bosque con puerta de entrada.

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