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Desde el primer momento
vimos que algo no funcionaba bien, Anita no
había dormido bien y claro, eso se nota al día
siguiente, y más después de la locura del día
anterior. Pero debíamos continuar. El día
estaba nuboso, y hacía un poco de fresco, lo
cual animaba a caminar, aunque yo no tenía
ánimos para continuar. Íbamos muy lentos y se
me hacía muy cuesta arriba esta etapa. Vamos que
si hubiera podido, o más bien querido, hubiera
tirado la toalla, estaba cansado y desganado. Y
es en estos momentos en los que la otra persona
se da cuenta y te va animando para que
continúes. Y continuamos el Camino. Las paradas
eran frecuentes para comer algo, beber un poco, y
es que la calzoncillada de ayer se notaba en el
cuerpo. Todo iba más o menos bien, pasando por
minúsculos pueblos preciosos de Navarra:
Yarnoz, Otano, Ezperun,
Guerendiáin ,
Tiebas, hasta el momento en que
a Anita le empezaron a doler
mucho los pies. Caminaba llorando de lo que le
dolían, hasta que llegamos a Enériz.
A la entrada del pueblo se dejó caer porque ya
no podía más. No se tenía en pie. Durante
un rato esperamos a que se le calmase el dolor,
pero no hubo manera, así pues decidimos que yo
fuera a buscar ayuda. Corrí hacia el pueblo, y
allí encontré a unos chicos que salían de un
restaurante, les pedí ayuda para Anita,
y fuimos a buscarla para que la acercasen a Puente
la Reina si era posible. Anita
y yo, desde el principio del Camino sabíamos que
cada uno hacía su propio Camino, así que ya
estaba decidido de antemano que yo continuaría
andando, pues la dejaba en buenas manos. Y así
fue, los salvadores la llevaron a la Cruz Roja,
allí la atendieron, y después la llevaron al
albergue de peregrinos de Puente la Reina.
Yo llegué al cabo de poco más de una hora. Casi
fui corriendo desde Enériz,
pasando por Santa María de Eunate.
Al llegar
pregunté por ella, pero no me dijeron que
hubiese llegado, la verdad es que al que se lo
pregunté era un poco bastante estúpido, y
sabía que estaba allí dentro. Al cabo de un
rato de llamarla al móvil y que no respondiera,
me metí dentro del albergue para comprobarlo y
allí estaba. Andaba con mucha dificultad, pero
estaba de pie. Ya era todo un logro. Eso sí,
tocaba descanso. Así que tuvimos que replantear
de nuevo toda la estrategia del Camino. Al día
siguiente no podíamos continuar juntos, ella
iría a Logroño a casa de Pablo
y Feli, dos amigos suyos, y yo
continuaría sólo. Si cuando pasase por Logroño
ella estaba recuperada, entonces continuaríamos
juntos, de lo contrario ella continuaría en
autobús o nos encontraríamos más adelante.
Así que una vez decidido me fui a hacer la
compra, hicimos la merienda-cena, pues a todo
esto yo no había comido todavía y nos fuimos a
dormir.
Puente la
Reina es el punto de unión de los
caminos Aragonés y Francés, y allí empezamos a
ver cantidad de peregrinos. Muchos de ellos en
bici, como Reneé, una peregrina
holandesa que me encontraría más tarde en Los
Arcos. La verdad es que el cambio es
radical: de estar solo a estar casi hacinado.
Había también muchos peregrinos brasileños que
venían de haber estado en el Mundial de Francia.
En fin, ya empezaba a haber gente...
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