Día 15 Sábado, 11 de Julio de 1998 Monreal-Puente la Reina

Anita paga la locura de ayer

Caminando hacia Yarnoz

Desde el primer momento vimos que algo no funcionaba bien, Anita no había dormido bien y claro, eso se nota al día siguiente, y más después de la locura del día anterior. Pero debíamos continuar. El día estaba nuboso, y hacía un poco de fresco, lo cual animaba a caminar, aunque yo no tenía ánimos para continuar. Íbamos muy lentos y se me hacía muy cuesta arriba esta etapa. Vamos que si hubiera podido, o más bien querido, hubiera tirado la toalla, estaba cansado y desganado. Y es en estos momentos en los que la otra persona se da cuenta y te va animando para que continúes. Y continuamos el Camino. Las paradas eran frecuentes para comer algo, beber un poco, y es que la calzoncillada de ayer se notaba en el cuerpo. Todo iba más o menos bien, pasando por minúsculos pueblos preciosos de Navarra: Yarnoz, Otano, Ezperun, GuerendiáinJosé Luis antes de entrar en Guerendiáin, Tiebas, hasta el momento en que a Anita le empezaron a doler mucho los pies. Caminaba llorando de lo que le dolían, hasta que llegamos a Enériz. A la entrada del pueblo se dejó caer porque ya no podía más. No se tenía en pie.

José Luis delante de la iglesia de GuerendiáinDurante un rato esperamos a que se le calmase el dolor, pero no hubo manera, así pues decidimos que yo fuera a buscar ayuda. Corrí hacia el pueblo, y allí encontré a unos chicos que salían de un restaurante, les pedí ayuda para Anita, y fuimos a buscarla para que la acercasen a Puente la Reina si era posible. Anita y yo, desde el principio del Camino sabíamos que cada uno hacía su propio Camino, así que ya estaba decidido de antemano que yo continuaría andando, pues la dejaba en buenas manos. Y así fue, los salvadores la llevaron a la Cruz Roja, allí la atendieron, y después la llevaron al albergue de peregrinos de Puente la Reina. Yo llegué al cabo de poco más de una hora. Casi fui corriendo desde Enériz, pasando por Santa María de Eunate.

Al llegar pregunté por ella, pero no me dijeron que hubiese llegado, la verdad es que al que se lo pregunté era un poco bastante estúpido, y sabía que estaba allí dentro. Al cabo de un rato de llamarla al móvil y que no respondiera, me metí dentro del albergue para comprobarlo y allí estaba. Andaba con mucha dificultad, pero estaba de pie. Ya era todo un logro. Eso sí, tocaba descanso. Así que tuvimos que replantear de nuevo toda la estrategia del Camino. Al día siguiente no podíamos continuar juntos, ella iría a Logroño a casa de Pablo y Feli, dos amigos suyos, y yo continuaría sólo. Si cuando pasase por Logroño ella estaba recuperada, entonces continuaríamos juntos, de lo contrario ella continuaría en autobús o nos encontraríamos más adelante. Así que una vez decidido me fui a hacer la compra, hicimos la merienda-cena, pues a todo esto yo no había comido todavía y nos fuimos a dormir.

Puente la Reina es el punto de unión de los caminos Aragonés y Francés, y allí empezamos a ver cantidad de peregrinos. Muchos de ellos en bici, como Reneé, una peregrina holandesa que me encontraría más tarde en Los Arcos. La verdad es que el cambio es radical: de estar solo a estar casi hacinado. Había también muchos peregrinos brasileños que venían de haber estado en el Mundial de Francia. En fin, ya empezaba a haber gente...

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