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Hoy
me tocaba caminar en solitario. Anita
se quedaba en Puente la Reina,
esperando a que Pablo y Feli,
sus amigos de Logroño, vinieran
a buscarla. Salí pronto, pero no antes que
muchos caminantes que salieron antes de las seis
para ir sin calor. Yo estaba acostumbrado al
calor, así que no me importaba mucho caminar en
pleno día con todo el calor del mundo. Salí bastante rápido y,
como era pronto por la mañana, iba pasando los
pueblos casi fantasmas: Mañeru,
Cirauqui, con el trozo de
calzada romana que hay a su salida. Durante un
rato caminé con un chico de L'Hospitalet
que venía haciendo el Camino en solitario.
Pronto llegué a Lorca y de
aquí de un tirón a Villatuerta ,
donde paré a hacer una foto a la iglesia, cuando
pasé por delante de la casa del sacristán,
pienso que lo era, me preguntó desde la ventana
si ya estaba abierta, y que si iba a Los
Arcos. "Sí", "Claro, los
que pasan a esta hora son los que van para
allá.¡Cómo me los conozco...!" Era un
experto en peregrinos.
Me encontré a la
salida del pueblo con unos mozos que venían de
los sanfermines, y que se habían pasado toda la
noche de fiesta, cosa que me resultaba evidente
por la vista y el olfato. Unos chavales
majísimos, que me regalaron unos pines de su
tierra, para que me llevase un buen recuerdo de
Navarra. Para mi es una tierra de contrastes. He
conocido gente majísima y otra que mejor no
comentar, por respeto a los que honran el nombre
de navarros.
Llegué a Estella-Lizarra
alrededor de las diez y media, y uno de estos
personajes "que mejor no comentar"
estaba de hospitalero en Estella-Lizarra.
Le pedí que me sellase en la credencial, que yo
marchaba a Los Arcos. Todavía estoy esperando a
que me selle. Más tarde me enteré de que era el
mismo el que sellaba. Menudo personaje, que no
persona.
A
la salida de Lizarra-Estella, me
paré en un bar a comerme un bocata y a leer la
prensa del día y al cabo de un rato ya estaba
pasando cerca del Montejurra,
tierra santa para los carlistas, anclados en un
pasado lejano. El Camino te da para elegir, y yo
opté por pasar por la Fuente del Vino,
que está en las Bodegas Irache,
al lado del Monasterio del mismo nombre. Allí
otro suceso extraño: los ciclistas no saludan
nunca. Todos somos peregrinos, todos vamos a Santiago,
pero así como los que vamos a pie nos saludamos
y conversamos algo, la mayoría de los que van en
bici no saludan, aunque estén a punto de
atropellarte. Lamentable. En este caso eran tres
ciclista, que lo que más me dolió es que eran
catalanes, como yo. No tengo foto de la fuente
porque no quería que mis fotos se manchasen con
gente tan poco amable. Yo sí que les salude, y
desde luego que me dejé oir:
"¡¡ADÈU!!".
Mi siguiente
objetivo era saludar a Pablito el de las
Varas, un personaje entrañable del
Camino. Vive en Ázqueta, y a
cada peregrino que pasa por su puerta le da un
vara de avellano, ligera, recta y fuerte, un buen
apoyo para llegar a Santiago. A mi me dió una
durante el Xacobeo'93 y quería
darle las gracias, y decirle que me la llevaba
para esta aventura también. No estaba, se había
ido de sanfermines, pero le dejé un recado a su
vecino de que había estado por allí.
De
Villamayor de Monjardín, el
siguiente pueblo, a Los Arcos,
sólo hay camino, extensiones enormes de cereal y
una pista de concentración parcelaria que une
ambos pueblos. El calor era infernal, pero eran
mayores las ganas de llegar. Fue una experiencia
mística, pero cuando tenía calor pedía viento
y me venía, ¿será casualidad...? Mis piernas
me respondieron y llegué a Los Arcos
a eso de las tres y media. Allí estaba Reneé
que se estaba registrando en el albergue. Ella
iba en bici, y había llegado cinco minutos
antes, se quedó sorprendida.
Ese día entre
comer con un gallego, José, dar
un paseo por el pueblo, leer un poco y hablar por
teléfono con Alicia, se me pasó la tarde. Era
el día de la final del Mundial, Francia-Brasil,
y la gente no se lo quería perder, así que hubo
que convencer al hospitalero para que prorrogase
la hora de cierre. Reneé y yo
nos fuimos a cenar, y charlando charlando
descubrimos mucha de la gente que emprende el
Camino en solitario busca las mismas respuestas,
y lee de las mismas fuentes. Por ejemplo un libro
muy comentado fue "Las nueve
revelaciones" de James Redfield.
Mañana tocaba llegar a Logroño,
así que me fui pronto a dormir, después de ver
como perdía Brasil, y cómo de tristes se
quedaban los brasileños.
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