Día 16 Domingo, 12 de Julio de 1998 Puente la Reina-Los Arcos

Caminante solitario

Saliendo de Puente la Reina, la Luna nos acompañaba.

Hoy me tocaba caminar en solitario. Anita se quedaba en Puente la Reina, esperando a que Pablo y Feli, sus amigos de Logroño, vinieran a buscarla. Salí pronto, pero no antes que muchos caminantes que salieron antes de las seis para ir sin calor. Yo estaba acostumbrado al calor, así que no me importaba mucho caminar en pleno día con todo el calor del mundo.

Salí bastante rápido y, como era pronto por la mañana, iba pasando los pueblos casi fantasmas: Mañeru, Cirauqui, con el trozo de calzada romana que hay a su salida. Durante un rato caminé con un chico de L'Hospitalet que venía haciendo el Camino en solitario. Pronto llegué a Lorca y de aquí de un tirón a VillatuertaLa iglesia de Villatuera del siglo XIV, donde paré a hacer una foto a la iglesia, cuando pasé por delante de la casa del sacristán, pienso que lo era, me preguntó desde la ventana si ya estaba abierta, y que si iba a Los Arcos. "Sí", "Claro, los que pasan a esta hora son los que van para allá.¡Cómo me los conozco...!" Era un experto en peregrinos.

Me encontré a la salida del pueblo con unos mozos que venían de los sanfermines, y que se habían pasado toda la noche de fiesta, cosa que me resultaba evidente por la vista y el olfato. Unos chavales majísimos, que me regalaron unos pines de su tierra, para que me llevase un buen recuerdo de Navarra. Para mi es una tierra de contrastes. He conocido gente majísima y otra que mejor no comentar, por respeto a los que honran el nombre de navarros.

Llegué a Estella-Lizarra alrededor de las diez y media, y uno de estos personajes "que mejor no comentar" estaba de hospitalero en Estella-Lizarra. Le pedí que me sellase en la credencial, que yo marchaba a Los Arcos. Todavía estoy esperando a que me selle. Más tarde me enteré de que era el mismo el que sellaba. Menudo personaje, que no persona.

Al fondo el Monasterio de IracheA la salida de Lizarra-Estella, me paré en un bar a comerme un bocata y a leer la prensa del día y al cabo de un rato ya estaba pasando cerca del Montejurra, tierra santa para los carlistas, anclados en un pasado lejano. El Camino te da para elegir, y yo opté por pasar por la Fuente del Vino, que está en las Bodegas Irache, al lado del Monasterio del mismo nombre. Allí otro suceso extraño: los ciclistas no saludan nunca. Todos somos peregrinos, todos vamos a Santiago, pero así como los que vamos a pie nos saludamos y conversamos algo, la mayoría de los que van en bici no saludan, aunque estén a punto de atropellarte. Lamentable. En este caso eran tres ciclista, que lo que más me dolió es que eran catalanes, como yo. No tengo foto de la fuente porque no quería que mis fotos se manchasen con gente tan poco amable. Yo sí que les salude, y desde luego que me dejé oir: "¡¡ADÈU!!".

Mi siguiente objetivo era saludar a Pablito el de las Varas, un personaje entrañable del Camino. Vive en Ázqueta, y a cada peregrino que pasa por su puerta le da un vara de avellano, ligera, recta y fuerte, un buen apoyo para llegar a Santiago. A mi me dió una durante el Xacobeo'93 y quería darle las gracias, y decirle que me la llevaba para esta aventura también. No estaba, se había ido de sanfermines, pero le dejé un recado a su vecino de que había estado por allí.

Campos de cereal. Experiencia mística.De Villamayor de Monjardín, el siguiente pueblo, a Los Arcos, sólo hay camino, extensiones enormes de cereal y una pista de concentración parcelaria que une ambos pueblos. El calor era infernal, pero eran mayores las ganas de llegar. Fue una experiencia mística, pero cuando tenía calor pedía viento y me venía, ¿será casualidad...? Mis piernas me respondieron y llegué a Los Arcos a eso de las tres y media. Allí estaba Reneé que se estaba registrando en el albergue. Ella iba en bici, y había llegado cinco minutos antes, se quedó sorprendida.

Ese día entre comer con un gallego, José, dar un paseo por el pueblo, leer un poco y hablar por teléfono con Alicia, se me pasó la tarde. Era el día de la final del Mundial, Francia-Brasil, y la gente no se lo quería perder, así que hubo que convencer al hospitalero para que prorrogase la hora de cierre. Reneé y yo nos fuimos a cenar, y charlando charlando descubrimos mucha de la gente que emprende el Camino en solitario busca las mismas respuestas, y lee de las mismas fuentes. Por ejemplo un libro muy comentado fue "Las nueve revelaciones" de James Redfield. Mañana tocaba llegar a Logroño, así que me fui pronto a dormir, después de ver como perdía Brasil, y cómo de tristes se quedaban los brasileños.

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