Día 23 Domingo, 19 de Julio de 1998 Carrión de los Condes-Terradillos de los Templarios

La pierna dijo NO

Amanecer desde el Camino.

La intención era llegar por lo menos a Sahagún. Pero pronto vimos que no iba a poder ser. Los dos íbamos tocados. Parecíamos miembros de un ejército de tullidos. Muchos de los peregrinos, que ahora si que se veían un montón, iban con alguna venda en la pierna, y la verdad es que era todo un espectáculo. El primer tramo después de salir de Carrión de los Condes, hay que cruzar el río y unas cuantas carreteras y coger un camino amplio que llega a Calzadilla de la Cueza, por una impresionante recta de dieciséis kilómetros. El calor empezó a apretar desde las primeras horas, y la pierna intentaba responder.

Llegamos a Calzadilla y decidimos continuar. Los que se quedaron nos dijeron que el albergue estaba hecho un asco, pero hay veces que exigimos mucho por nada. Con un techo y un poco de agua se supone que basta. Nunca hay que esperar lujos si no pagamos nada, o algo simbólico, y tenemos que tener el espíritu del peregrino, que nunca exige.

Continuamos carretera adelante hacia Ledigos. Allí nos encontramos a Renée, la ciclista holandesa con la que había cenado en Los Arcos. Había hecho un alto en el Camino para ir a Bilbao a ver el Guggenheim, pero llegó en un día en que estaba cerrado. Llegamos a Ledigos como pudimos, yo estaba muy mal, cansado y con la pierna que me dolía. Pero había que continuar un poco más.

Pasado Ledigos hay un cruce de caminos, yo casi me lo paso...Así que nuestro próximo objetivo era Terradillos de los Templarios. La pierna dijo NO, antes de llegar. Fue un pinchazo en la parte delantera de la pierna izquierda, cerca del pie. Era señal de que había que cambiar algo. Tuve que parar durante un rato. Pensaba que se había acabado toda una aventura, pero al menos quería llegar al pueblo por mi propio pie. Me costó cojear durante un buen rato, y eso que sólo había unos doscientos metros. Teníamos entendido que en el pueblo había dos refugios, uno gratis y otro de pago. Pero no, sólo estaba el de pago. Como no podíamos hacer otra cosa nos fuimos allí. Fue una suerte.

Postura oficial de descanso durante los siguientes dos díasNos recibió Marisa, la dueña ahora del refugio, desde que el antiguo dueño, Guillermo, lo dejó. Y nos trató de maravilla. Yo necesitaba descanso y más descanso. Así que decidimos darnos un día, y después veríamos. Entonces fui a buscar mis zapatillas para andar un poco más cómodo y no las encontré, vaya. "Seguro que me las he dejado en Carrión", "pero allí no quedaba nada", "entonces alguien las cogió por equivocación". Efectivamente, un chico, que se había quedado en Ledigos, se las había metido en su mochila. Anita se fue con Marisa en coche a por ellas. Qué gente más maja!

Un detalle del refugio de Terradillos de los TemplariosDurante los días que estuvimos allí nos fueron alcanzando gente que ya habíamos adelantado. La sensación para mi era: "para qué he corrido tanto si ahora he debido parar...". Pero no es correcto, nosotros seguíamos un trayecto que nos habíamos marcado nosotros mismos. El error era el querer hacerlo en tan poco tiempo. Fuerzas demasiado la máquina y algún momento tiene que petar.

De todas maneras no perdimos el tiempo, pues conocimos mucha gente, descansamos mucho, leimos, que poco tiempo teníamos antes para leer. Escribimos un poco, y dejamos que pasara el tiempo, que lo suele curar todo.

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