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Castrojeriz lo
íbamos a recordar de manera especial. Nos
levantamos antes de las seis, y había mucha
gente levantada dispuesta a comenzar a caminar,
cuando de pronto comienza a sonar a toda castaña
canto gregoriano, el de los monjes, y de una de
las puertas empiezan a salir los hospitaleros con
bandejas de galletas, mantequilla, mermelada, y
con jarras de café y leche. Era el desayuno. Ya
nos lo habían dicho que se desayunaba, y ¡qué
bien!. Después de esto todo te parece
maravilloso, así que nos fuimos caminando hacia
la Colina de Mostelares, que
tienes que subir para así evitarte una vuelta
enorme. Subiendo
tuvimos unas de las vistas más bellas de todo el
Camino, un amanecer precioso. Merecía mucho la pena ese
día.
De bajada
dejábamos la provincia de Burgos
y pasábamos a la de Palencia.
Justo antes de cruzar el río que marca la
frontera entre ambas provincias está otro
albergue de peregrinos, en el que al parecer te
hacen un curioso rito de lavarte los pies. El
Camino no deja nunca de sorprenderte, y nosotros
no hemos de perder nunca esa capacidad.
Seguimos
hacia Itero de la Vega, y de
aquí a Boadilla del Camino, que
tiene una curiosa fuente a la entrada, tienes que
girar una especie de "timón" para que
salga agua, y en la dirección que marca la
flecha amarilla, cómo no. allí nos encontramos
con dos peregrinas vascas que iban con otro chico
que estaba más adelantado.
Siguiente parada Fromista,
pero continuamos hacia Población de Campos,
donde sabía que había un refugio donde había
estado la vez anterior. Pero al llegar, nos dice
la señora que lo cuidaba que no nos dejaba
entrar, que si era para dormir, pero que sólo
para descansar que no. Así que nos fuimos a la
sombra de un bar a comer. Descansamos un rato en
un parque del pueblo y continuamos hacia Villalcázar
de Sirga. A
las cinco de la tarde cogí el móvil para llamar
a Alicia, que estaba en la boda de unos amigos, David
y Candice. Estuve hablando con
ellos un buen rato, felicitándoles por la boda y
diciéndoles que era como si estuviera allí, y
hablando con Julio, Glo,
Alexis, Mercé,
y por supuesto con Alicia. Lo
que hace la tecnología, y sin parar de andar.
Pero mi pierna
izquierda empezaba a notar los síntomas de la
tendinitis, y de qué manera.... Así que le dije
a Anita que probablemente
tendría que continuar sola, que yo no podía
seguir. Que nos íbamos directamente al Centro
de Salud.
Allí nos
atendieron muy bien, pero el tratamiento era
prácticamente igual para todos los peregrinos: a
los que tenían ampollas les recortaban la piel
(muy mal hecho), y a los que teníamos
tendinitis, Voltarén y una venda compresiva que
evitaba el mover el pie. Aún así nos dijeron
que era mejor descansar, pero que era lo que
nosotros quisiéramos, o sea que decidimos seguir
caminando.
El albergue está
muy bien, lástima que sólo tenga una ducha. La
mujer que lo llevaba, la hermana del señor cura,
muy buena mujer, pero habla por los codos. Que lo
sepáis.
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