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La pierna
empezaba a funcionar, por lo que decidimos,
después de hacer mil cábalas sobre las
posibilidades que teníamos o no de acabar el
Camino, continuar hasta Calzada de Coto.
Y si veíamos que estábamos muy mal, en Sahagún,
desde donde había buenas comunicaciones. Por la
tarde fue el momento. A Sahagún
había 11 kilómetros, algo más de dos horas, y
otros seis o siete a Calzada. Después
de comer y de mil despedidas, unas cuantas fotos
y alguna lagrimilla, nos encaminamos a Sahagún.
Nota de arquitectura: en esta parte del Camino se
puede apreciar la arquitectura del adobe.
En puchos pueblos, las casas están construidas,
o al menos la parte exterior con adobe.
Por el camino nos
encontramos a un peregrino gallego que también
andaba atacado por la tendinitis, e iba a paso
tortuga, como yo hacía un par de días. Llegamos
a Sahagún y la pierna iba bien,
así que nos pasamos por el albergue, que tenía
buena pinta, exteriormente, y preguntamos por si
estaba lleno el de Calzada de Coto.
No nos supieron dar respuesta. Hicimos unas
llamaditas al Ayuntamiento, pero tampoco. ¡A la
aventura! Y así fue.
Llegamos
al pueblo y por refugio había una casa, con dos
habitaciones, más o menos grandes, y mucha
mierda. El problema es que no había ningún tipo
de útil para limpiarla. Y bichos por un tubo.
Les honra a estos pueblos pequeños el hecho de
montar un refugio para que los peregrinos no
durmamos en la calle cuando lleguemos a su
pueblo, pero el hecho de que haya una persona que
se encargue de decir a los peregrinos que han de
limpiar un poco y de darles los útiles para
ello, tampoco está de más. Gracias de todas
maneras.
Compramos en el
pueblo, en la tienda de una señora que nos dijo
que lo mejor de Catalunya es el "pà amb
tomàquet", y es cierto, ya que nosotros
pedíamos el pan y un tomate, cuando íbamos a
tomarnos un bocadillo a un bar, pues lo que soy
incapaz de entender es cómo s puede uno comer un
bocadillo de embutido son el pan seco, sin un
tomate. No lo entiendo.
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