Día 26 Miércoles, 22 de Julio de 1998 Calzada de Coto-EL Burgo Ranero

La pierna sigue pidiendo descanso

Por las sensaciones de la etapa anterior creía que la pierna ya estaba curada, o al menos que no me molestaría mucho para poder caminar, pero una tendinitis es algo más serio. El descanso ha de ser total, y durante un tiempo prolongado, pues de lo contrario sigues forzando y forzando hasta que ya no puede más, y entonces ya tienes que dejar de andar por mucho más tiempo.

Pues bien, salimos del mini-refugio de Calzada de Coto en dirección a El Burgo Ranero, curioso nombre, pero uno de los lugares legendarios del Camino. Apenas hay diez kilómetros, o sea, un par de horitas de camino. La pierna me dijo otra vez que no antes de llegar al pueblo. El golpe psicológico es fuerte, tienes que aceptar que no puede ser, que toda la ilusión que tenías con llegar a Santiago la tienes que dejar de lado. No hay manera, hay que pensar en abandonar, o bien de estar un tiempo descansando y continuar al cabo de unos días.

Llegamos al refugio y nos encontramos a un chico brasileño y a Rodrigo, un chico mexicano, además de otro de Zaragoza y el gallego que adelantamos el día anterior. Todos, menos el maño, estábamos tocados por la tendinitis, así que tocaba descanso, relajo y, por supuesto, contarnos las miles de anécdotas que se van acumulando cada día de la gente que conoces, de los lugares por donde pasas. A veces el Camino parece como unas grandes colonias ambulantes. En vez de permanecer en una casa durante quince días, aquí la gente va de un refugio a otro. Siempre son los mismos, y unas veces se adelantan, otras se dejan adelantar, y se va creando una sensación de familia. "Y Fulanito,¿lo has visto?", "claro, debe estar un par de pueblos más atrás, pues andaba fastidiado. ¿Y tú conociste a Tal?", "¡Vaya!". Es toda una experiencia, amén de la gente de sitios tan distintos que conoces, y el cerebro trabaja a todo lo que da para entender a aquel "guiri" que te pide un molinillo de café para moler cereales. De todo hay.

Así que estuvimos allí hasta el día siguiente, previo paso por el Centro de Salud, que nos dijo que lo que debía hacer era poner hielo en la pierna y no moverla. Pero creo que con la Credencial de Peregrino, también te viene la de "burro", pues intentass dar más de lo que es normal. Conocí en Los Arcos a un peregrino, Paulino, que era de lo más. El hombre era "pureta", de cerca de sesenta años, pero que además era hemipléjico, creo que era la parte izquierda la que no podía mover. Este hombre hacía cada día diez o doce kilómetros, pero el esfuerzo es como si cualquiera de nosotros hiciera setenta u ochenta, una barbaridad. Y lo mejor de todo es que cuando llegaba a los refugios era el alma de la fiesta. Todo el mundo estaba con él porque era todo alegría, chistes y jolgorio. Y por supuesto era el que se levantaba más pronto.

El refugio es de adobe, como muchas casas de la zona, y realmente está bien, tiene cocina y en la parte de arriba habitaciones con literas.

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