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Después de un
día de descanso, o casi, nos pusimos de nuevo en
marcha. Muy de mañana, para evitar el calor.
Siempre es conveniente a eso de las cinco y media
levantarse, y a poco más de las seis en marcha,
así tienes entre tres y cuatro horas de camino
sin calor. Así
que seguimos el Camino y salimos del pueblo.
¿Esa curiosidad no se ha preguntado el por qué
del nombre del pueblo? Bueno, pues los que nos
levantamos a buena hora no tuvimos la necesidad
de preguntar. Ranas. Al final
del pueblo, hay una charca, bastante grande, en
la cual debe haber miles de ranas. Su croar se
deja sentir en todo el pueblo, que por la mañana
está en completo silencio. Es un verdadero
espectáculo de sonido. El ruido impedía que
pudiéramos hablar normalmente, teníamos que
gritar para podernos entender entre Anita
y yo.
Otro de los puntos curiosos
de esta zona es el hecho de que el Camino está
arbolado a la parte izquierda. Un árbol
cada nueve metros, y eso durante unos
treinta kilómetros. Se hace un poco aburrido
caminar por allí, pues no hay ni una subida,
todo llano y con árboles a la izquierda, que
tampoco dan mucha sombra. Deberían tener en
cuenta que si plantan árboles deben regarlos de
vez en cuando, pues hay muchos que están medio
muertos, pues están lejos de fuentes. Eso sí,
aquellos que están cerca de zonas húmedas,
lucen espléndidos y hermosos.
Más curiosidades:
los leoneses no quieren estar con Castilla, y
luego dicen que los catalanes quieren la
independencia.... Cada uno la quiere de su
vecino. Ya veréis más adelante.
Pasamos
por Reliegos, y sin más
aventuras, llegamos a Mansilla de las
Mulas. Allí fuimos a descansar al
albergue, donde nos encontramos con unos chicos
de Madrid, unos profes de Valencia y a los
brasileiros. Al entrar les pedimos que si
podíamos descansar un rato, que yo tenía
tendinitis y tal. "Nosotros tenemos algo que
cura la tendinitis"."Dime que tengo que
hacer que lo hago ahora mismo, lo que sea",
dije muy pero que muy decidido. La hermana del
chico, que era la hospitalera de dio un arcilla,
que tenía que ponerse en la pierna, taparse y
dejar que se secara. Dicho y hecho. Pata en alto
me quedé durante la mañana, mientras iba y
venía una cantidad ingente de personal. Yo
quieto parado, hasta que se secó la arcilla, y
entonces me la quité en la ducha. Este proceso
había que hacerlo durante tres días y la
tendinitis se curaría. Eso, y estar preparado
psicológicamente para abandonar "la gran
aventura" en cualquier momento en que
aquello se pusiera peor, fue lo que aprendí en Mansilla.
Por la tarde dimos
una vuelta por el pueblo, que por cierto tiene un
río en donde te puedes bañar, que es algo que
no os lo podéis perder. Fuimos como posesos a
por un helado, y seguro que no fue el primero del
día. Por la noche, después de la cena, hicimos
una queimada de orujo, además
de hacer el conjuro en gallego, pues había una
chica de Vigo por allí. Se montó una fiesta
hasta altas horas de la noche peregrina, es
decir, a las once todo el mundo en el sobre, pues
habitualmente a eso de las nueve la gente ya
empieza a irse a dormir.
A ver que pasaba
al día siguiente con el conjuro...
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