Día 28 Viernes, 24 de Julio de 1998 Mansilla de las Mulas- León-Villadangos del Páramo

Ricardín nos enseña León, y volvemos a hacer kilómetros

Las seis, toca levantarse. Había dormido en la litera de arriba, por lo que al bajar había notado un pinchazo en la pierna izquierda, donde tenía la tendinitis. En teoría tenía que ponerme la arcilla durante tres días, así que pensé que era en parte normal, de todas maneras tuve mis dudas. Pero nada, al Camino. Desayunamos algo mientras observábamos como la gente preparaba la marcha. Sobre todo una pareja entrañable de húngaros, a los que muy cariñosamente apodaban "los ositos", eran super-dulces ella y él.

La Catedral de LeónHoy tocaba llegar a León. Mi pensamiento estaba en andar todos los pasos que pudiera, y hasta que la pierna me lo permitiera, así que nos pusimos en marcha. Íbamos tranquilos pero sin parar. El Camino tampoco tiene mucha historia en los aproximadamente veinte kilómetros que hay hasta la capital de la provincia. Llegamos un poco después que Rodrigo, un chico mexicano que nos encontramos en El Burgo Ranero.

San IsidoroAllí visitamos la Catedral y después la Iglesia de San Isidoro. Desde allí llamé a Ricardín, un compañero de trabajo que nos enseñó la ciudad. Una de las cosas que hicimos fue ir a Correos a dejar parte de lo que llevábamos en la mochila, pues te das cuenta a lo largo del Camino que hay muchas cosas que son supérfluas, y que mejor que las lleve otro, y quién mejor que Correos... Ricardín y AnitaAsí que dejé más de dos kilos y medio de cosas de las que podía prescindir. La tendinitis se puede coger por un sobre esfuerzo de kilómetros y de peso, y yo llevaba demasiado. Más tarde nos fuimos a comer algo y tomarnos unos vinos. Seguro que fueron más de dos, y eso se notaba. Me encontré a otro compañero de trabajo, y es que el mundo es un pañuelo... Después de comer lo acompañamos hasta el trabajo, pues el Camino pasaba al lado, y nos despedimos, después de tomar unos cafés y hablar de la vida, el amor y la muerte, como siempre.

El siguiente objetivo era Villadangos del Páramo. Confiábamos en que mi pierna respondería, así que continuamos adelante, teniendo en cuenta que contábamos con que hubiera algún albergue o refugio a mitad de camino. No hizo falta, pues mientras charlábamos y contaba a Anita unas cuantas historias que nos habían ocurrido haciendo descenso de barrancos o en la montaña, llegamos a Villadangos. El Camino va paralelo a la carretera N-120, con lo cual no hay pérdida.

Allí buscamos un sitio para cenar, después de procurarnos una cama en el albergue. No había hospitalero ni nada, así que allí era ver y coger. Después de la cena las habituales llamadas y a dormir. Pero antes... la arcilla! No se me podía olvidar. Puse un poco en un plato, y eché un poco de agua, poco. Hice una pasta y me la puse en la parte de la tendinitis. Después la tapé con una venda y me fui a dormir. Por la mañana la arcilla ya se había secado y me la quité.

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