Día 29 Sábado, 25 de Julio de 1998 Villadangos del Páramo-Rabanal del Camino

Volvemos a alcanzar a nuestros amigos

Anita en el puente del Passo Honroso en Hospital de Órbigo

Hoy sería uno esos días maratonianos, aunque al salir de Villadangos parecíamos cansados y nos costó lo nuestro llegar a Hospital de Órbigo. Allí llegamos y fuimos a ver el albergue, que sabíamos que lo llevaba una persona de la Asociación de Amigos del Camino de Barcelona. No estaba, así que nos quedamos con las ganas de saludarlo. A la salida del pueblo paramos a almorzar un poco en una de esas alamedas "prefabricadas" que encuentras al lado de la carretera, en las cuales todos los árboles están exactamente a la misma distancia, perfectos.

Contribuyendo a una de las flechas poco antes de llegar a Astorga.De aquí, y por la carretera y sin dejarla casi hasta el final, llegamos a Astorga, donde se pueden admirar obras de Gaudí. Llegamos relativamente tarde y con mucho calor, pero si estar apenas cansados. Al entrar nos adelantaron unos alemanes, pero nosotros no podíamos correr, pues por la tarde continuábamos jornada. Ellos se dirigieron al albergue, mientras que nosotros nos fuimos a buscar un lugar donde comer. Y muy cerca de la Catedral lo encontramos. Había muchos peregrinos por allí.

Decansamos un poco la comida y charlamos con algunos peregrinos catalanes, uno concretamente de Badalona, y decidimos ponernos en marcha, sin pararnos a ver el Palacio de Gaudí, pues lo abrían tarde (para nosotros). Así que caminito de Murias de Rechivaldo, donde el Camino no se acaba de ver muy claro, pero nuestra intuición peregrina estaba al quite para que no nos perdiéramos. Los Montes de León nos indicaban el camino a seguir.

Bar en El Ganso. Curioso.Y así pasamos por Santa Catalina de Somoza, y un rato más adelante por El Ganso, donde paramos a comernos un helado en un curioso garito (el que se ve en la foto).

El último tirón y llegábamos al Roble del Peregrino, cerca de Rabanal del Camino. Y por fín al albergue. En este pequeño pueblo hay tres: uno, el municipal, al que nadie va a menos que los otros estén llenos; dos, uno de pago, muy bueno por cierto, y tres, otro privado, que lo lleva una asociación inglesa (creo), y en el que te dan el desayuno. Ni que decir tiene que el tercero estaba lleno, y en él estaba la gente que había pasado por Terradillos cuando tuvimos que para por mi tendinitis.José Luis en el Roble del Peregrino cerca de Rabanal... El hospitalero nos acompañó hasta el segundo. Cuando les dijimos de donde veníamos nos dieron una habitación especial, pues se habían quedado sin camas. Fue una suerte. Una ducha y a cenar al restaurante del pueblo. Seguro que habría más pero fuimos incapaces de buscar uno más lejos. Al día siguiente tocaba subida a la Cruz de Ferro.

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