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¡Venga que ya
llegamos! Ése era el grito de ánimo. La verdad
es que la "experiencia gallega" no nos
satisfacía en exceso, y teníamos ganas de
concluir el Camino. Demasiados peregrinos de
domingo. Hay que respetar todas las opciones, y
las respeto, pero también tengo mi propia
opinión y la expreso. Como casi todos los
peregrinos que venimos de lejos, nos incomoda el
hecho de encontrarnos con otros
"peregrinos" que no hacen más que un
"sprint" para coger sitio en el
siguiente refugio o albergue. ¡Claro que hay que
cuidarse y todo eso!, el problema es que algo tan
bonito, tan espiritual, tan mágico, acaba siendo
pasto de gente que se lo toma como unas colonias
itinerantes, y que no es sensible al espíritu
peregrino, al auténtico. Así
que nos ponemos en marcha por el Camino
completamente a oscuras, y asistimos, como cada
mañana al nacimiento de un nuevo día, como el
negro que invade todos los rincones va dejando
paso a la luz del sol, que va saliendo poco a
poco, cómo el frío de la mañana, va
diluyéndose en un calorcito agradable, hasta el
momento en que el Sol se pone a gritar a todo
pulmón que él está ahí, e impone su fuerza.
Este día el Sol
se despertó un poco perezoso, y ni siquiera
quiso imponerse a una fina capa de nubes que no
dejaba pasar su luz. Así que no tuvimos que
quitarnos los jerseys hasta Palas de Rei,
donde llegamos un poco pasada la hora de
desayunar. Hacía un poco de
"sirimiri", o "calabobos",
vamos que caían cuatro gotas. El siguiente
objetivo era Mellide, donde
pensábamos llegar a la hora de comer, y así
fue. Caminando rápidito y con muchas ganas de
comer, entramos en Mellide ,
donde quería comprar unos carretes de
diapositivas, pues se me habían acabado los diez
que me había llevado para el Camino, pues me
encanta hacer fotos, y luego enseñarlas. Entré
en una tienda, quizá la única de fotos del
pueblo, o al menos la que estaba en el Camino y
me vieron cara de tonto o cara de peregrino, y
para ellos eso significa que te pueden pedir el
oro y el moro. Me enfadé bastante y les dije que
si era una broma. Menos mal que se come bien,
pero que muy bien, pues si no mi berrinche
hubiera continuado, pero no fue así. ¡Qué bien
se come! Cantidad y calidad.
Así
que sin hacer siesta ni nada, un poco a lo
bestia, nos pusimos a caminar hacia Arzúa,
nuestro final de etapa de hoy. El Camino ahora es
muy agradable, casi siempre en sombra y muchas
veces por bosques de eucaliptos, el gran error
del bosque gallego, o algo así como "pan
para hoy y ...". Pero qué le vamos a
hacer... Y allí nis encontramos en un momento
dado con un grupo de chicas y chicos, ellos
suizos, ellas brasileñas. Nos preguntaron que de
dónde veníamos, y nosotros contestamos que de Barcelona.
Ellos venían de Roncesvalles.
"Peregrinos veteranos!". La chicas eran
Esther y Fernanda,
y eran muy majas, y estuvimos hablando de los
distintivos de los peregrinos auténticos: la
marca de los calcetines, la ropa mal lavada y las
marcas de sudor, el hecho de caminar por las
tardes, el no tener prisa por llegar a los
refugios, el agradecer a los hospitaleros hasta
la ducha fría, el no importarnos si dormíamos o
no en cama,... ¡Qué gusto encontrarnos a estas
alturas de Camino gente así!
Nos alcanzaron de
nuevo cerca de Ribadiso de Baixo.
No venían siguiendo pues a Anita
se le habían caido unos pantalones del tenderete
que tenía en la mochila, pues es una de las
labores importantes de la misma: el servir de
secadero de la ropa.
De Ribadiso
a Arzúa no hay más que un
suspiro, así que llegamos y encontramos el
refugio, que está al final del pueblo, pero
yendo por dentro del pueblo, pues si sigues el
Camino no lo encuentras. Allí nos fuimos a
duchar con agua fría, y después a cenar. La
última cena antes de llegar a Santiago. Y cómo
no, ¡estaba buenísima!.
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