Día 18 Martes, 14 de Julio de 1998 Logroño-Nájera

Etapa tranquila y relajada

Para Anita hoy era el día del reencuentro con el Camino, después de pasar dos días parada sin hacer nada. Para ello había que hacer una etapa sencilla, y hasta Nájera hay unos treinta kilómetros sin dificultad aparente, y tampoco hay ningún refugio en medio, bueno sí, el de Navarrete, que es el único pueblo entre ambas poblaciones.

El día estaba un poco tapado, y de hecho el día anterior por la tarde nos había llovido al ira a comprar, pero confiábamos en que no lloviese. Eso sí, hacía fresquito. Y salimos de casa de Pablo y Feli sin hacer ruido y muy de mañanita, vamos que no había nadie por las calles. Nuestra intuición peregrina nos llevó por las calles de Logroño sin mayor problema, con lo que en breve estábamos fuera de la ciudad. Los peregrinos ya habían salido antes que nosotros, aunque alguno encontramos rezagado.

El primer punto de interés al salir de la ciudad es el pantano de La GrajeraAnita en el Pantano de la Grajera, con un parque alrededor, es uno de los lugares bonitos por el entorno, pero no podíamos pararnos mucho. Los ciclistas seguían sin saludar, pero al final pasaba de todo, me daba igual. Al principio pienso que todos estamos en el mismo barco, pero no es cierto, todos estamos en el mismo mar, y cada uno va con su propia barca, una es más grande, otras más pequeñas, y otras tan rápidas que apenas dejan ver a las otras barcas a las que adelantan. Yo voy con la mía, remando, y ya llegaré a Santiago.

Saliendo del pantano, empieza una subida poderosa por un camino que discurre a la izquierda de la carretera, y cuando llegamos a dar vista a Navarrete, nos saludaron, desde la carretera, un grupo de peregrinos en bicicleta, que no ciclistas. Estos si están en el mismo barco. Me hizo ilusión, y desde entonces hice dos grupos: los ciclistas y los peregrinos en bici, sólo los últimos comulgan con nuestra causa.

Anita frente a las ruinas del hospital de peregrinosAl la entrada de Navarrete quedan las ruinas de un antiguo hospital de peregrinos.Por el pueblo pasamos rápido y sin apenas pararnos, así que nos dio tiempo de ver donde caía el albergue, en el que ya se habían quedado algunos, y es que lo ideal es hacer el Camino y disfrutarlo. Quizá hacer unos kilómetros más no les hubiera ido mal, pero cada uno llevamos nuestra barca.

Nada, que seguimos caminando y para llegar a Nájera hay que subir un pequeño promontorio, nada serio. A mitad de subida nos encontramos con multitud de hitos, piedras amontonadas que indican que estás siguiendo un camino. Era curioso de ver, pues había un montón de ellos, y todos en forma de columnas piedra sobre piedra. Lo que decía antes, hay que disfrutar del Camino.

El poema del Camino a la entrada de NájeraOtro punto curioso es una pared que hay antes de entrar al pueblo, en el que está escrito el poema del Camino, en alemán y en castellano. Allí nos encontramos un par de peregrinos asturianos que venían de Navarrete, y que estaban repitiendo el Camino, pues el año anterior ya lo habían hecho.

Al llegar al albergue, que está al otro lado del río Najerilla, había un montón de gente. Así que como el hospitalero venía a eso de las cuatro, nos fuimos a comer, comida riojana, por supuesto. Después, una vez conseguimos cama, me curaron las ampollas, que todavía me daban guerra, y nos fuimos a comer un helado por el pueblo. Lo mejor es trabajar por la mañana y poder disfrutar la tarde. Vale para el Camino y para el resto de la Vida.

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