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Para Anita
hoy era el día del reencuentro con el Camino,
después de pasar dos días parada sin hacer
nada. Para ello había que hacer una etapa
sencilla, y hasta Nájera hay
unos treinta kilómetros sin dificultad aparente,
y tampoco hay ningún refugio en medio, bueno
sí, el de Navarrete, que es el
único pueblo entre ambas poblaciones. El día estaba un poco
tapado, y de hecho el día anterior por la tarde
nos había llovido al ira a comprar, pero
confiábamos en que no lloviese. Eso sí, hacía
fresquito. Y salimos de casa de Pablo
y Feli sin hacer ruido y muy de
mañanita, vamos que no había nadie por las
calles. Nuestra intuición peregrina nos llevó
por las calles de Logroño sin
mayor problema, con lo que en breve estábamos
fuera de la ciudad. Los peregrinos ya habían
salido antes que nosotros, aunque alguno
encontramos rezagado.
El primer punto de
interés al salir de la ciudad es el pantano
de La Grajera ,
con un parque alrededor, es uno de los lugares
bonitos por el entorno, pero no podíamos
pararnos mucho. Los ciclistas seguían sin
saludar, pero al final pasaba de todo, me daba
igual. Al principio pienso que todos estamos en
el mismo barco, pero no es cierto, todos estamos
en el mismo mar, y cada uno va con su propia
barca, una es más grande, otras más pequeñas,
y otras tan rápidas que apenas dejan ver a las
otras barcas a las que adelantan. Yo voy con la
mía, remando, y ya llegaré a Santiago.
Saliendo del
pantano, empieza una subida poderosa por un
camino que discurre a la izquierda de la
carretera, y cuando llegamos a dar vista a Navarrete,
nos saludaron, desde la carretera, un grupo de
peregrinos en bicicleta, que no ciclistas. Estos
si están en el mismo barco. Me hizo ilusión, y
desde entonces hice dos grupos: los ciclistas y
los peregrinos en bici, sólo los últimos
comulgan con nuestra causa.
Al
la entrada de Navarrete quedan las ruinas de un
antiguo hospital de peregrinos.Por el pueblo
pasamos rápido y sin apenas pararnos, así que
nos dio tiempo de ver donde caía el albergue, en
el que ya se habían quedado algunos, y es que lo
ideal es hacer el Camino y disfrutarlo. Quizá
hacer unos kilómetros más no les hubiera ido
mal, pero cada uno llevamos nuestra barca.
Nada, que seguimos
caminando y para llegar a Nájera
hay que subir un pequeño promontorio, nada
serio. A mitad de subida nos encontramos con
multitud de hitos, piedras amontonadas que
indican que estás siguiendo un camino. Era
curioso de ver, pues había un montón de ellos,
y todos en forma de columnas piedra sobre piedra.
Lo que decía antes, hay que disfrutar del
Camino.
Otro
punto curioso es una pared que hay antes de
entrar al pueblo, en el que está escrito el
poema del Camino, en alemán y en castellano.
Allí nos encontramos un par de peregrinos
asturianos que venían de Navarrete, y que
estaban repitiendo el Camino, pues el año
anterior ya lo habían hecho.
Al llegar al
albergue, que está al otro lado del río
Najerilla, había un montón de gente. Así que
como el hospitalero venía a eso de las cuatro,
nos fuimos a comer, comida riojana, por supuesto.
Después, una vez conseguimos cama, me curaron
las ampollas, que todavía me daban guerra, y nos
fuimos a comer un helado por el pueblo. Lo mejor
es trabajar por la mañana y poder disfrutar la
tarde. Vale para el Camino y para el resto de la
Vida.
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