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Hoy toca de nuevo
llegar a civilización, quiero decir, llegar a
una gran ciudad. Evidentemente después de una
etapa ultramaratoniana como la de ayer, hoy
estábamos bastante maltrechos, y andábamos con
pocas ganas. El objetivo era llegar a Burgos,
y era asequible, así que hacia allá nos
dirigimos. El
primer punto es San Juan de Ortega,
uno de los puntos claves del Camino. También es
cierto que de las dos veces que lo he hecho, en
ninguna me he quedado a dormir allí, para probar
la sopa de ajo del párroco. Hasta llegar allí
hay que comenzar subiendo los otrora tan temidos Montes
de Oca, refugio de bandidos y
malhechores en tiempos del siglo XVII y XVIII.
Ahora no es más que un precioso bosque, eso sí
partido por caminos y cortafuegos. El Camino
discurre por uno de ellos. Al principio el camino
sube, hasta llegar a un alto, en el que te das
cuenta de que el Camino va paralelo a la
carretera, pero por un paraje mucho más
tranquilo. Realmente se hace pesado, y largo, el
llegar hasta San Juan de Ortega.
Allí existe un monasterio y una iglesia. Por
supuesto dan refugio a peregrinos. Nos
encontramos allí con otro de los personajes
famosos en los últimos tiempos: Calixto,
el perro peregrino. Vimos su historia en un
recorte de periódico, en el que contaba que
Calixto estaba acostumbrado a seguir a los
peregrinos, y que en cuanto veía unas botas
salía detrás de ellas. Alguna vez lo habían
metido en un taxi para que lo trajeran de vuelta
al pueblo. Vamos, un "perregrino".
Seguimos camino
adelante hacia Atapuerca,
pasando por Agés. Allí en
Atapuerca hay unos yacimientos de restos
prehistóricos, a los cuáles había ido a
visitar el Príncipe, un par de días antes.
Nosotros estábamos demasiado cansados como para
imitar a la realeza, así que nos metimos en el
primer bar que encontramos y nos apretamos un
tremendo bocata.
Continuamos
después del bocata y de leer la prensa local, y
entonces el Camino sube a un monte donde antes
había un campo de tiro militar. Y subiendo nos
pasó como una exhalación Chimo.
Chimo es un profesor de Filosofía, de
Castellón, que tuvo una difícil operación en
la cabeza hace unos años, y prometió que si
llegaba a salir bien iría a Santiago, fue, y
este año repetía, con su enorme palo Jaume
(Santiago en català). Iba como una
moto, y nosotros no podíamos seguirlo, así que
nos perdimos en su estela. Desde el promontorio
se ve a lo lejos Burgos, nuestro objetivo. Este
es uno delos momentos malditos, cuando lo ves, y
lo ves lejos te entra el agobio, es mejor que se
esconda, que no aparezca hasta el final y sea
entonces cuando te dé una alegría, pero íbamos
a tener la imagen durante mucho rato en la
retina. Otro de los puntos negativos es que el
Camino no siempre es recto, y si sabes que hay
que ir en una dirección te da mucha rabia que el
Camino tome direcciones contrarias, y comience a
dar vueltas, y sobre todo cuando ves que no
estás al cien por cien.
Paramos en otro
pueblo otro rato a tomarnos un helado, y sobre
todo porque estábamos hechos puré. Pasamos por Cardeñuela-Riopico,
Orbaneja-Riopico, Villafría
de Burgos y Gamonal.
La
entrada a Burgos es de las
peores experiencias que puedes tener en el
Camino. Entras por un inmenso polígono
industrial, que te parece que no se acaba nunca,
y además de eso, los miles de camiones y coches,
y el termómetro, que estropeado marcaba 41º,
todo se juntaba. Menos mal que había mentalizado
a Anita de que era un infierno, lo peor de todo
el Camino, que entendería si se cogía un
autobús para hacer evitarse este tramo. Se lo
puse tan y tan mal, que me dijo que era menos de
lo que se esperaba, pero aún así llegó hecha
polvo, los pies le dolían mucho, y tuvimos que
parar un rato en la Catedral. Parece mentira,
pero dos veces que he pasado por Burgos haciendo
el Camino, y en ninguna me he parado para ver la
Catedral. Sólo la conozco por fuera. Alguna vez
lo conseguiré, verla por dentro, espero.
Para más
"inri" el refugio está al otro lado de
la ciudad, y hay que seguir todo el curso del
río Arlanzón. Si el refugio
estuviera al principio de Burgos sería una
locura atravesarla por la mañana. Llegamos y
todavía tuvimos suerte y logramos un par de
camas. Una ducha, lavar ropa, que por cierto, me
dejé una camiseta de las dos que llevaba. Eso
sí que fue una pérdida, pues le había cogido
cariño.
Cenamos con Melchor,
Elíes y Chimo
en un restaurante cercano al refugio. Melchor
venía de hacer la travesía de los Pirineos, y
se había decidido a hacer el Camino nada más
terminar. Sólo cambió de mochila y a caminar de
nuevo. Elíes vecino suyo, tuvo que retirarse
más adelante, pues le diagnosticaron necrosis en
un dedo, debido a una ampolla mal curada. Y
Chimo, esta vez sin su Jaume.
Tocaba irse a
dormir, pero antes a tirar de móvil para llamar
a los nuestros: Anita a una amiga, y yo a mi
Flor, y es que lo bueno es estar desconectado
pero sin perder el hilo.
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