Día 20 Jueves, 16 de Julio de 1998 Villafranca Montes de Oca-Burgos

Llegamos a Burgos

Hoy toca de nuevo llegar a civilización, quiero decir, llegar a una gran ciudad. Evidentemente después de una etapa ultramaratoniana como la de ayer, hoy estábamos bastante maltrechos, y andábamos con pocas ganas. El objetivo era llegar a Burgos, y era asequible, así que hacia allá nos dirigimos.

¡Por fin llegamos a San Juan de Ortega!El primer punto es San Juan de Ortega, uno de los puntos claves del Camino. También es cierto que de las dos veces que lo he hecho, en ninguna me he quedado a dormir allí, para probar la sopa de ajo del párroco. Hasta llegar allí hay que comenzar subiendo los otrora tan temidos Montes de Oca, refugio de bandidos y malhechores en tiempos del siglo XVII y XVIII. Ahora no es más que un precioso bosque, eso sí partido por caminos y cortafuegos. El Camino discurre por uno de ellos. Al principio el camino sube, hasta llegar a un alto, en el que te das cuenta de que el Camino va paralelo a la carretera, pero por un paraje mucho más tranquilo. Realmente se hace pesado, y largo, el llegar hasta San Juan de Ortega. Allí existe un monasterio y una iglesia. Por supuesto dan refugio a peregrinos. Nos encontramos allí con otro de los personajes famosos en los últimos tiempos: Anita junto a Calixto, el perro peregrinoCalixto, el perro peregrino. Vimos su historia en un recorte de periódico, en el que contaba que Calixto estaba acostumbrado a seguir a los peregrinos, y que en cuanto veía unas botas salía detrás de ellas. Alguna vez lo habían metido en un taxi para que lo trajeran de vuelta al pueblo. Vamos, un "perregrino".

Seguimos camino adelante hacia Atapuerca, pasando por Agés. Allí en Atapuerca hay unos yacimientos de restos prehistóricos, a los cuáles había ido a visitar el Príncipe, un par de días antes. Nosotros estábamos demasiado cansados como para imitar a la realeza, así que nos metimos en el primer bar que encontramos y nos apretamos un tremendo bocata.

Continuamos después del bocata y de leer la prensa local, y entonces el Camino sube a un monte donde antes había un campo de tiro militar. Y subiendo nos pasó como una exhalación Chimo. Chimo es un profesor de Filosofía, de Castellón, que tuvo una difícil operación en la cabeza hace unos años, y prometió que si llegaba a salir bien iría a Santiago, fue, y este año repetía, con su enorme palo Jaume (Santiago en català). Iba como una moto, y nosotros no podíamos seguirlo, así que nos perdimos en su estela. Desde el promontorio se ve a lo lejos Burgos, nuestro objetivo. Este es uno delos momentos malditos, cuando lo ves, y lo ves lejos te entra el agobio, es mejor que se esconda, que no aparezca hasta el final y sea entonces cuando te dé una alegría, pero íbamos a tener la imagen durante mucho rato en la retina. Otro de los puntos negativos es que el Camino no siempre es recto, y si sabes que hay que ir en una dirección te da mucha rabia que el Camino tome direcciones contrarias, y comience a dar vueltas, y sobre todo cuando ves que no estás al cien por cien.

Paramos en otro pueblo otro rato a tomarnos un helado, y sobre todo porque estábamos hechos puré. Pasamos por Cardeñuela-Riopico, Orbaneja-Riopico, Villafría de Burgos y Gamonal.

Anita descansando al lado de la Catedral de BurgosLa entrada a Burgos es de las peores experiencias que puedes tener en el Camino. Entras por un inmenso polígono industrial, que te parece que no se acaba nunca, y además de eso, los miles de camiones y coches, y el termómetro, que estropeado marcaba 41º, todo se juntaba. Menos mal que había mentalizado a Anita de que era un infierno, lo peor de todo el Camino, que entendería si se cogía un autobús para hacer evitarse este tramo. Se lo puse tan y tan mal, que me dijo que era menos de lo que se esperaba, pero aún así llegó hecha polvo, los pies le dolían mucho, y tuvimos que parar un rato en la Catedral. Parece mentira, pero dos veces que he pasado por Burgos haciendo el Camino, y en ninguna me he parado para ver la Catedral. Sólo la conozco por fuera. Alguna vez lo conseguiré, verla por dentro, espero.

Para más "inri" el refugio está al otro lado de la ciudad, y hay que seguir todo el curso del río Arlanzón. Si el refugio estuviera al principio de Burgos sería una locura atravesarla por la mañana. Llegamos y todavía tuvimos suerte y logramos un par de camas. Una ducha, lavar ropa, que por cierto, me dejé una camiseta de las dos que llevaba. Eso sí que fue una pérdida, pues le había cogido cariño.

Cenamos con Melchor, Elíes y Chimo en un restaurante cercano al refugio. Melchor venía de hacer la travesía de los Pirineos, y se había decidido a hacer el Camino nada más terminar. Sólo cambió de mochila y a caminar de nuevo. Elíes vecino suyo, tuvo que retirarse más adelante, pues le diagnosticaron necrosis en un dedo, debido a una ampolla mal curada. Y Chimo, esta vez sin su Jaume.

Tocaba irse a dormir, pero antes a tirar de móvil para llamar a los nuestros: Anita a una amiga, y yo a mi Flor, y es que lo bueno es estar desconectado pero sin perder el hilo.

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