Día 31 Lunes, 27 de Julio de 1998 Ponferrada-Vega de Valcarce

Última etapa en León

Ya lo teníamos casi a mano. Llevábamos un mes caminando, y ya se veía. Mi tendinitis apenas se notaba y me dejaba continuar, y a buen ritmo. Anita estaba que se salía, y parecía que no se cansaba nunca. Vamos que estábamos fuertes. Pues a caminar...!!

Anita en el refugio de la familia Jato.Primer pueblo Camponaraya. Seguimos hasta Cacabelos, donde paramos a desayunar, Anita fruta y yo me apreté un pastel grande de chocolate, de estos de bollería industrial, pero que estaba buenísimo. El siguiente punto fue Villafranca del Bierzo, donde paramos en el albergue de la familia Jato. Esta familia está vinculada desde siempre a los peregrinos, de hecho estaban terminando de construir un nuevo y flamante albergue. Estuvimos un rato pero no nos podíamos demorar, nos quedaba camino por delante. En la guía que llevábamos nos aseguraba que había un refugio en El Pereje, y las señales de la carretera también nos lo confirmaban, así que acordamos ir a comer allí. Pero nuestra sorpresa fue ver un refugio de lujo (las referencias te cambian cuando vas andando con la mochila a la espalda, reconozco) pero en el que no daban de comer. ¡En qué mundo se ha visto! Claro que nos fuimos. Nos querían llevar a comer a Trabadelo en coche. Le dije que había salido de mi casa hacía un mes caminando, y que hasta que no llegara a Santiago no cogería de nuevo un coche. Le quedó claro. Y cómo no, nos fuimos a comer a Trabadelo, pero por nuestros propios medios: nuestros pies.

Comimos en un restaurante de carretera, había varios, pero la señal era clara: donde más camiones aparcados hubiera. Los camioneros son los que saben, y hay que seguir sus pasos, sobre todo en el comer. Después de esto continuamos camino hasta Vega de ValcarceEl albergue de Vega de Valcarce. Estábamos bien, fuertes, e incluso bromeamos con la posibilidad de ascender el mítico Cebreiro esa misma tarde, pero nos lo pensamos dos veces, pues es una prueba durilla, y más después de un montón de kilómetros. Así que llegamos y nos plantamos en el albergue, fuimos a comprar, cenamos y estuvimos charlando por teléfono. Alicia me estuvo contando nuevas del día, poco agradables, por cierto.

Al día siguiente íbamos a subir la dificultad máxima del Camino, el Cebreiro. Para alguien que no esté acostumbrado a caminar, o para gente que no haya hecho montaña, puede resultar durillo, pero para alguien que camine que no se preocupe, y para los montañeros les sonará a broma: "¿Dónde estaba el Cebreiro ése?

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