Día 32 Martes, 28 de Julio de 1998 Vega de Valcarce-Monasterio de Samos

Entramos en Galicia

José Luis en el primer mojón en tierra gallega. De aquí en adelante cada 500 m hay uno de estos que van diciéndote lo que te queda para ver al Santo.

Hoy tocaba etapa de montaña. A mi me encanta la montaña, y me encanta subir. El esfuerzo de ganar metros hacia arriba es algo habitual en mi, no en vano muchos fines de semana, y siempre que puedo me acerco a los Pirineos para subir a alguna cima de las muchas que hay. Hoy era como un premio para mi. Anita no estaba muy acostumbrada a subir, pero si a caminar, por lo que pensé que el esfuerzo no sería muy grande para ella. Así que a subir.

El camino resulta fácil, y la pendiente no es tan exagerada como algunos la pintan. Además la mayor parte de la subida se hace en sombra, con lo el posible calor lo evitas, y cuando más te quieres dar cuenta estás arriba. Y cuando llegas arriba has entrado en Galicia. Comienza la última parte del Camino. Desde allí la vista es impresionante. El Cebreiro es un punto, apenas cuatro casas, una ermita preciosa, en la que Anita se emocionó, y es normal, muchos días esperando el momento de llegar hasta allí. De alguna manera te das cuenta de lo que has hecho.

Anita en la ermita que hay en el CebreiroAsí que después de tomarnos un café con un ciclista madrileño y una peregrina francesa que venía con su perra, continuamos camino hacia Triacastela, donde queríamos parar a comer. Antes estuvimos hablando con nuestros compañeros de trabajo, para decirles que estábamos en Galicia, que ya quedaba poco. Esto del móvil es todo un invento.

Llegamos a Triacastela cerca de las tres, y ya había cola en el albergue. Esto es lo que más fastidia de Galicia,Monumento al peregrino de bajada a Triacastela. la gente se empieza a hacinar en los albergues, sobre todo en los más importantes. Otro punto harto negativo es el hecho de que los gallegos lo ven como un negocio. Para muestra un botón: nosotros siempre que pasábamos al lado de alguien siempre saludamos, costumbre peregrina, y al pasar por una aldea decimos hola a una mujer, que nos contestó "tenemos bocadillos y cervezas", ni siquiera un triste "hola". Anita tenía unas ganas locas de acabar el Camino. Dejaba de ser un paraiso de peregrinos para convertirse en paso de gente que tiene dinero y que lo ha de dejar allí. El peregrinaje no es importante, sino el dinero que dejas a tu paso. Demasiado mercantilista. Un poco asqueroso.

Llegada a SamosEn Triacastela nos encontramos a unos vascos, un chico y dos chicas, con los que fuimos hasta Samos, al monasterio, que nos habían dicho que estaba muy bien.

Y llegamos allí con el tiempo justo para coger cama. No pudimos visitar el Monasterio al llegar un poco tarde, pero pudimos disfrutar de una maravillosa ducha fría, de una buena cena, y de un paseo por el pueblo. Es cuestión de no parar de andar.

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